Según cuenta ella, una noche lluviosa, mientras leía un libro en el salón, el teléfono empezó a sonar, ella, extrañada por lo tarde que era, preocupada, descolgó el teléfono y preguntó quien era, pero nadie le contestó. Unos instantes después, el teléfono volvió a sonar.
Ella dudaba y se sentía insegura, sola, con su pequeña hija pero sola y el teléfono no paraba de sonar. Al fin, se dispuso a coger el teléfono de nuevo, pero nada, no había nadie al otro lado, no contestaban, por lo que, aterrada subió a la habitación de su hija y la cogió en brazos, según ella para no sentirse desamparada en medio de la noche. Claro, en los tiempos que corren.
Aún no se había sentado en su sillón, volvió a sonar el teléfono.
Harta y decidida para batir el miedo que sentía, contestó al teléfono, y de nuevo? nada, nada se oía. Entonces, llamó a la policía y explicó lo sucedido. La policía la tranquilizó y le dijeron que localizarían la llamada.
Más tranquila, se sentó pero sonó otra vez, cogió el teléfono tranquilamente pero nadie contestaba. Muerta de miedo, insegura y temblorosa, sonó repetidamente el teléfono y con paso titubeante se acercó, descolgó y una voz dijo:
"Señora, hemos localizado su llamada, la llamada proviene de su propia casa."
Tenían dos teléfonos, el del salón desde donde hablaba ella con la policía y el otro, el de la habitación de sus padres....
No hay comentarios:
Publicar un comentario